
Fue un desastre de aquellos lo que ocurrió la noche de este sábado en el estadio Carlos Dittborn, con más de 5.300 hinchas en las graderías: Se perdió el partido 1-0 con Temuco, se perdió de local el invicto en el fútbol chileno, se perdió la ilusión de un público que le tenía fe ciega al plantel de Sandrock para subir a la División de Honor, y en definitiva, se perdió la oportunidad de amanecer este domingo como puntero absoluto de la Primera B.
Y además hizo mucho frío en el estadio, y a la salida se sintió bajo cero, y fue muy largo y penoso el regreso a casa de los 5.300 ariqueños que sufrieron los 90 minutos esperando por lo menos un empate que no llegó.
Y Temuco, la “Bestia Negra” de San Marcos de Arica, lo hizo por sexto año consecutivo en el Carlos Dittborn. Hay algo paranormal en todo esto. No es posible que teniendo todas las condiciones para un gran triunfo, con un plantel ganador e invicto, una hinchada fervorosa e incondicional, un contexto de gloria que incluyó una nueva camiseta, con un rival que viajó 2.700 kilómetros para llegar a Arica para jugar este sábado, cuesta creer que a nuestros excelentes jugadores, verdaderos cracks, les haya faltado motivación, garra, pasión y determinación heroica para ganar.
Algo inentendible pasó este sábado. Lo real fue lo que se vió en la cancha central del mundialista estadio Carlos Dittborn, y que fue relatado con desesperación desde las casetas por los medios locales: Un San Marcos contenido, sin fuerza y sin la mística y liderazgo del invicto. Y la otra realidad que se observó es que Temuco jugó mejor. Y que el uruguayo Luis Acevedo de Temuco, a los 60 minutos del partido marcó el gol del triunfo y en las tribunas se helaron los corazones ariqueños.







